jueves, 23 de octubre de 2008

Con moraleja, ¡y basado en hechos reales!

Hay días en los que uno se levanta y al acostarse ya no es el mismo. Días en los que a uno le sucede algo y lo convierte en otra persona. Hoy ha sido uno de esos días, y como siempre he sido un instructor quiero compartir este recién adquirido conocimiento con todos vosotros.

Esta historia se remonta a un jueves. El jueves 23 de octubre de 2008 para ser más exactos. Eran las 6 de la mañana cuando el frío polar que azotaba la península me despertó. Me encontraba en esa fase en la cual Morfeo sigue intentando mantenerte en su reino, pero Bóreas se empeñaba en hacerle desistir con sus fríos vientos del norte. Y Bóreas venció. Me encontraba tan remolón que no me he querido levantar, por lo que me he dedicado a darle vueltas a la cabeza. No literalmente, obviamente. Es en uno de estos momentos en los que recuerdo que este viernes tengo el examen práctico de conducción, y que tengo el DNI caducado. “El pasaporte también vale”- pensé. También estaba caducado. Presa del pánico, pero muerto de sueño (extraño cóctel de sensaciones) me dirigí a la ducha (el segundo lugar donde mejor se reflexiona, tras el WC). En la ducha llegué a la conclusión de que debía salir, vestirme y como fuese lograr un documento oficial que pruebe que soy quien digo ser. Por lo que al salir le conté a mi madre el plan.

“Hoy no puedo ir a clase”- le dije- “El viernes tengo el examen del carnet de conducir y no tengo ningún documento oficial en vigor” Tras recibir la bronca de rigor a la cual mi padre no desaprovechó la oportunidad de unirse (tampoco me voy a explayar. Todos hemos sido hijos. Incluso alguno padre. Ya sabéis que toca la bronca de temática “dejas todo para el último día”. Capítulo 5 del manual) Después del frenesí me dirigí al ordenador. Google tiene todas las respuestas, algo me dirá. Fijaos si tiene respuestas para todo que buscando “Hacer examen práctico de conducir con el dni caducado” aparecen resultados de gente con el mismo problema. Pero ellos no corrieron la misma suerte que yo. Pero tranquilos, que aún queda mucho para la resolución de esta historia. “¡Jo Unai! ¡Que ya he leído 381 palabras!” Pues lees la conclusión al final so vago. Pero luego no te quejes de que no aprendes. Prosigo.

En la página oficial del ayuntamiento veo que tienen un teléfono de contacto en el lugar donde hacen el DNI y el pasaporte, por lo que me decido a llamar para saber si tengo que hacer cola para renovar el pasaporte o lo que sea, pero que me lo den ya. Pero a las 9:00, que es a la hora en la que abrían, por lo que no habría nadie al otro lado del teléfono. Como aún me quedaba una hora para que abriesen me he puesto a ver la película de “El hombre tranquilo” (Sí, este es un dato superfluo y que no aporta nada a la historia. Lo sé. Pero lo hago para que sufráis leyendo y leyendo sin llegar hasta la conclusión. Muahahahahahahaha). Total, llegan las 09:00 y llamo. No coge nadie. Ni a las 09:05, 09:10, 09:30…” Funcionarios”-pensé-“Ojalá pudiera vivir como ellos”. Ya que no cogían el teléfono he llamado a la autoescuela para contar mi problema. “Qué tontería. Ni que ellos fuesen a solucionarte el problema”- pensaréis. “Lo sé”, os respondo yo, “pero conozco a Lourdes, la chica de la autoescuela, y sé que se aburre muchísimo”. Siempre se le ve pegada al teléfono a la pobre, así que después de haberla visto hablar tantísimas veces, esta vez he decidido ser yo quien esté al otro lado de la línea. Al contarle mi problema me ha informado de que para renovar el pasaporte no hay que hacer cola, así que coja y baje pitando.

Claro, que como tenía el teléfono a mano decido llamar a David, mi compañero de blog, compañero de equipo, compañero de parrandas, compañero en general. Menos compañero sentimental hemos sido compañeros de toda clase. Por ahora. Tseyeye. Y claro, como compañero que es también es mi compañero de aventuras, por lo que ha decidídose a venir sin rechistar. “En tres minutos estoy en tu casa”- me dijo. “Ok. Me pongo las zapatillas, cojo el pasaporte y nos vamos”- respondí. De las dos cosas que le dije pude cumplir solo una. El pasaporte no aparecía por ninguna parte. Así que llamo a mi madre. Se lo había llevado ella. Sí, yo tampoco sé para qué. Y tampoco voy a decirle nada que seguro que acabo siendo abroncado yo sin saber por qué. La maravillosa técnica del espejo materno-filial. Échale la bronca a tu madre que serás tú quien la termine recibiendo. “Subo en 20 minutos, estoy realizando unos asuntos por la calle matía” Bueno, no había prisa. Pues aún sigo esperando a que suba con mi pasaporte. Pero claro, David ha llegado y mientras esperábamos nos hemos dedicado a ver el último capítulo de “Cómo conocí a vuestra madre” (Dato superfluo). Tras acabar en estado de shock (No voy a ser tan cabrón como para destriparos el capítulo) decidimos salir a por el pasaporte nosotros solos. Sí, a pesar del frío polar que hacía fuera. Somos unos temerarios. Había pasado más de hora y media desde que mi madre dijo que volvería. Tal vez había muerto congelada. Solo había una forma de averiguarlo.

Tras caminar bajo el frío ártico logramos encontrarla. Se había demorado porque estaba en el banco. Haciendo cola. Banqueros y funcionarios. Mismos perros con distintos collares. Ya allí recibo MI pasaporte y cuando me estoy marchando me dice que cuesta 20 € renovar el pasaporte. Menudo atraco. Yo no tenía dinero, ella no tenía dinero, David tampoco tenía dinero… Solo sé que ha entrado al banco, ha tardado cosa de 4 minutos y ha salido con 20€ en la mano. O lo ha atracado o ha pedido dinero a su compañera. No lo sé. Hay cosas que es mejor no saber.

Ya con el dinero y el pasaporte decidimos huir del país coger el bus para ir hacia donde renovaría el pasaporte. Mientras esperaba el bus pasó el coche de la autoescuela con Gurutze dentro (¡Sí! ¡Se llama Gurutze! ¡Como mi barrio! N. del A: Vease “Hoy hablo de mi tierra”) Creo que la divina providencia hizo pasar el coche por delante de mis ojos como alegoría del carnet huyendo ante mis ojos. Aún así decidimos continuar. “Ya que hemos llegado hasta aquí no vamos a abandonar”- comentamos.

El viaje parecía un viaje en autobús más, hasta qué exclame: “¡Hostias! ¡Las fotos!” Me las había dejado en casa con las prisas. Así que tuvimos que andar y andar hasta encontrar un fotomatón. 8 nuevas fotos. Ya tengo cerca de 30 fotos mías en casa. Siempre se me olvidan y siempre saco nuevas. Al final podré empapelar mi habitación con ellas. Total. Ya teníamos las fotos, el pasaporte y el dinero. La santísima trinidad. Ya nada podía detenernos. ¿O sí?

Llegamos (por fin). Pero no contábamos con el portero. El cual nos miró y dijo “¿A qué venís?” Seco. Frío. Mala señal. “A renovar el pasaporte, que me han dicho que va sin cita previa”- le contesté con voz dulce. “Eso es. Solo tienes que traer el pasaporte antiguo, el DNI en vigor y el dinero para las tasas. ¿Los has traído?” “Ah, sí, sí. Tengo el pasaporte y el dinero sí” “¿Y el DNI en vigor?” Y me derrumbé y le conté toda la verdad. Le desnudé mi alma. Pero él, como un agente del orden que es me dijo “Espera ahí”. Frio. Seco. Distante. Hasta que a los 10 minutos volvió. “Toma. Di que tenías a las 12 cogida la hora pero que no has podido llegar antes” Y se dio la vuelta. Frío. Seco. Pero esos fríos con corazón. Seguro que sin el traje de seguridad es un tipo simpático.

Ya estaba dentro. Se iba clarificando el día. Hasta salió el sol. El final estaba cerca. Iba a tener un nuevo pasaporte…

Pero no. No lo tuve. Me dio hora para sacarme un nuevo DNI. Y así, chicos, tuve mi primer DNI electrónico. Y con él en la mano salí a enseñárselo a David. “¿Ya que estabas por qué no te has hecho el nuevo pasaporte?”- me dijo. “Ay David, David… Ese lo guardaremos para nuevas aventuras…” Y con el brazo sobre su hombro, como dos buenos amigos fatigados, nos alejamos por el horizonte mientras el sol se ponía de fondo.

Ahora voy a contaros otra historia. Íbamos a ir de vacaciones a Estambul. Teníamos todo reservado: Avión, hotel, excursiones… Pero la abuela se puso enferma y no pudimos ir.

¿Conclusión? No planees las cosas. Lo bueno de no planear nada es que nunca vas a perder el control de la situación. Nunca lo tuviste.
Gñe.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Que bonita moraleja tio, me has hecho reflexionar, yo estaba siempre planificando todo: estudiar, predecir,tener todo bajo control y despues de leer esto mi vida ha dado un vuelco. Gracias"

Anónimo dijo...

Espero una entrada para el primer partido ganado por el Gurutze Iradier contado desde el banquillo.

Anónimo dijo...

siiii ganamos, ganamosss!!!!!

Anónimo dijo...

joer, tantas aventuras y sacas la conclusión incorrecta!!!

la verdadera moraleja es: haz caso a tu madre y no dejes las cosas para el último segundo. ;)y segunda moraleja: las madres siempre tienen razón.

sé que los planes a veces salen y a veces no ¿pero qué sería de nuestras vidas si no los hiciéramos? se hacen y luego, la vida dirá. total, como tú dices nunca tenemos el control de nada, excepto de nuestra actitud frente a las cosas que nos pasan, sean planes que salen y planes que fracasan estrepitosamente (cosa que suele sucederme, no sé por qué...)

y me callo ya.

besos, guapo

fdo: ana belén

Anónimo dijo...

Episodio II:

En mi costumbre de no planificar nada, sigo con mi rutina y despues de una siesta me dirijo a mis clases vespertinas.

Cuál es mi sorpresa cuando no hay nadie esperando fuera, intento atravesar la puerta y no cede... hmm, ¿es lunes no? confirmo el día de la semana y voy a conserjería, no había clase por un funeral y se había avisado a toda la clase menos a mi...

Genial, he venido a Donosti para nada, llamó a mi no-novia para ver si le apetece estar un ratillo juntos y me dice que no, que se tiene que duchar, hija de una hiena, malditas duchas de 2 horas que impiden que nos veamos.

Bueno, no pasa nada, llamaré a mi amigo, ya que no sale ninguna noche y tengo las llaves de su corazón, saldrá a la tarde a tomar algo y podré contarle mi genial tarde... había salido hacía 5 minutos de casa a una reunión, maldita tarde, ¡qué serie de catastróficas desdichas!

Vuelvo tristemente escuchando canciones de Hip Hop Hardcore, (para los que no son de la LOGSE, letras supuestamente callejeras, agresivas y deprimentes, básicamente deprimentes)y, a la salida del topo, noto que unas siete personas están giradas hacia mí al acabar el trayecto, se que soy atractivo, ¿pero tanto? pero si la salida está hacia el otro lado... me levanto y dirijome a la salida dejando a los siete palurdos mirando al otro lado, idiotas.

Al llegar a casa después de esta maravillosa tarde decido ir a airearme al Urbil (paradójicamente) y me compro el libro frases célebres de niños del hormiguero para echarme unas risas, fin.

Bonustrack:

Pablo, 4 años: Pablo llegó de clase un día y, muy contento, le dijo a su madre: "¡Mamá, ya sé cómo se llaman los cataplines; me lo han dicho en el colegio! ¡Se llaman tentáculos!"

Juana, 5 años: Un día Juana intentaba ponerse las zapatillas sola, y le preguntó a su madre: "¿Ésta en qué pie va?". Su madre le contestó: "En éste". Y la niña dijo: "Vale. ¡El otro no me lo digas!"

Mario, 4 años: Mario estaba hablando un día con su madre sobre lo que quería ser de mayor. Su madre le preguntó: "¿Cómo te gustaría trabajar: de pie, como tu tío Javi, o sentado, como Jordi?". Mario vaciló y dijo: "Tumbado, como el abuelo" jajaj!

Moraleja: da igual que tengas un mal día, nunca serás tan idiota como las siete personas que querían salir por el otro lado del topo.